“2046”
Dirección: Wong Kar-Wai
Guión: Wong Kar-Wai
Intérpretes: Tony Leung, Gong Li, Takuya Kimura,
Maggie Cheung, Zhang Ziyi, Carina Lau.
Todo comienza
con un pasajero de un tren fantástico que se dirige al año 2046. Un viaje del
que se dice que es muy, muy largo, y que llega a un momento y un lugar del que
nadie ha regresado jamás. Luego descubriremos que tanto el pasajero como el
tren no son más que personajes de una novela que escribe el protagonista de la
película, un periodista que vive en Hong Kong a finales de los años sesenta.
Así que de ciencia ficción, como se rumoreaba,
lo único que encontramos en esta nueva obra de Wong Kar-Wai es esa
novela y la increíble cantidad de tiempo libre que tiene el periodista en
cuestión (de su capacidad para ligarse chicas imponentes, ni hablamos, eso
sería ya cine dadaísta). “2046” es más bien una continuación lógica y esperada
del tipo de cine que su autor había venido elaborando desde “Chunking Express” o,
sobre todo, “In the Mood For Love”. Un cine tan personal como recurrente y que
provoca que Kar-wai ingrese en el selecto club de realizadores que hace siempre
la misma película, pero cada vez mejor o llevándola un poco más lejos. Con
“2046” entra también el director chino en ese otro círculo de autores que o se
aborrece o gusta peligrosamente. Para muchos, esta última obra suya será algo
así como una insufrible sucesión de anuncios de colonia proyectados en cámara
lenta y con música de fondo elegida por ese amigo que todo el mundo tiene y al
que nunca le dejan poner los discos en una fiesta. Para otros será una de esas
pelis que fascina y emociona sin saber muy bien por qué. Se encuentre uno en el
bando que se encuentre, lo que no puede negarse es que la forma de elaborar las
imágenes, el intransferible sentido del ritmo y la originalidad de alguna de
sus ideas, sitúan a “2046” en un terreno especial al que pocos autores son
capaces de acceder. Si además el espectador está en disposición de entrar a
formar parte de este rompecabezas melancólico sobre la memoria y los
sentimientos, entonces la proyección se disfrutará tal y como estaba previsto.
Hay además en el cine de Wong Kar-wai en particular, y en buena parte del cine
asiático en general, un valor añadido que escasea en otros lugares y es cierta
osadía para hablar y tratar temas o formatos que le causarían un pudor
irreparable a más de un europeo (occidental, por generalizar). A veces en el
riesgo de hacer una película desequilibrada e imperfecta como esta, pero
hacerla sin complejos, hay mucho más interés que en la enésima denuncia de lo
mal que están las cosas correcta y controladamente firmada.
O. del O.

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